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El ojo (y parte III) 10 diciembre 2010

Posted by José Ignacio Merino in Óptica, cuerpo humano.
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¡Y por fin entramos en materia! Este es el tercer post dedicado al ojo y en él vamos a ver los mecanismos por los que vemos. Te recomiendo que leas antes el primero y el segundo.

Como dije en el primer post del ojo, en el fondo del ojo tenemos la retina, que no es más que un conjunto de detectores sobre los cuales incide la luz y que están conectados con el cerebro por el nervio óptico.

En la retina existen 2 tipos de detectores. Los primeros se llaman conos y son los encargados de detectar el color, existiendo 3 tipos de conos: los encargados de detectar el color rojo (conos tipo L), los encargados del azul (conos tipo S) y los del verde (conos tipo M). Es decir, tenemos 3 tipos de sensores especializados cada uno en exitarse ante la luz con una determinada frecuencia. El otro tipo de detectores son los bastones y sólo están especializados en un único tipo de luz.

Sensibilidad de cada cono a la longitud de onda (Fuente: Wikipedia)

En esta gráfica, podemos ver cómo detectan la luz de una determinada longitud de onda cada uno de los conos. Realmente no es que cada cono detecte una longitud de onda determinada, sino que lo hacen en un rango de estas y tienen un máximo de sensibilidad en los 437 nanómetro (conos de tipo S), 533 nanómetros (conos de tipo M) y 564 nanómetros (conos de tipo L).

Si a mi retina llega luz de color azul, excitará y mucho los conos de tipo S, y muy poco los conos de tipo M y L. Y al incidir en la retina luz de color rojo, excitará los conos de tipo M y L, pero estos últimos los excitará un poquito más que los primeros.

Antes comenté que los conos estaban especializados en el azul, el verde y el rojo. En el caso de los conos de tipo S, efectivamente tienen su máxima capacidad de excitación en el azul, los de tipo M, en el verde, pero los de tipo L no tiene la máxima respuesta en el rojo, sino en un color verde-amarillento. Sin embargo, como he explicado antes, cuando la luz roja incide en la retina, los conos de tipo L son excitados más fuertemente que los de tipo M. Por eso los conos de tipo L se dice que están especializados en detectar el rojo.

Ante esto cabría preguntarse ¿cuál es el color que mejor vemos? Quizás pienses que es el rojo porque es el que más te llama la atención, pero la respuesta correcta es un color verde-amarillento. Fíjate que hay 2 tipos de conos (L y M) que tienen una sensibilidad alta en ese color. Es decir, al ver un objeto verde-amarillento, son esos 2 tipos de conos los que mandan señales al cerebro muy fuertemente, por lo que ese color es percibido más intensamente.

Aunque el rojo es percibido por los conos L y M, la sensibilidad de este tipo de conos a ese color no es tan alta así que no mandan tanta señal al cerebro. Sin embargo luego es el cerebro el que decide que el color rojo le interesa más que cualquier otro color y de hecho es el que más te llama la atención. Esto posiblemente sea debido para que nuestro cerebro de animal sea capaz de detectar la sangre de una presa herida o en nosotros mismos. Ahora en la sociedad moderna esta fijación cerebral por el rojo es aprovechada para llamar la atención sobre unos labios femeninos o para que en una boda la novia deje de hablar a la amiga que lleve un vestido de ese color.

Bien, sabiendo esto ahora podemos responder a una sencilla pregunta. ¿En qué parte del arco iris está el color rosa? ¿y el lila? ¿y el color salmón? ¿y el color hueso?

Espectro Visible

Espectro Visible (con la longitud de onda expresada en nanómetros)

No hay más que echar un vistazo a la imagen anterior donde se muestra el espectro visible. Newton fue quien descubrió que la luz blanca se descomponía en los colores del arco iris y ese es justamente el espectro visible. ¿Echas en falta algún color?

En realidad los colores que he mencionado antes (hueso, salmón, lila, rosa, …) no se corresponden con ninguna longitud de onda en el espectro. Son la mezcla que hace nuestro cerebro de las señales de los 3 tipos de conos. Gracias a eso somos capaces de ver alrededor de  10 millones de colores, que son muchísimos más que los que podemos distinguir en el arco iris.

El rosa, por ejemplo, es una respuesta muy fuerte de los conos de tipo L (rojo) y algo más débil (pero no mucho más) de los de tipo S (azul) y M (verde). Es decir, me está llegando a la retina luz de color azul, verde y mucho de rojo y es esa sensación combinada en nuestro cerebro es a lo que llamamos “rosa”. Según sea la cantidad de luz roja veré el rosa más rojo o más claro. Pero no hace falta irse al rosa, el ejemplo más claro está en el color blanco, el cual es una gran cantidad de luz azul, de luz verde y de luz roja que llega a nuestra retina.

Como ves, gracias a este sistema podemos disfrutar de colores que sólo existen en nuestro cerebro. Blanco, lila, salmón, hueso, blanco roto, garbanzo, gris, gris marengo, melón, … todos esos colores únicamente existen en nuestra mente.

Supongo que ya sabrás (porque lo habrás leído por ahí o del colegio) que todo color se puede crear como una composición de los 3 colores básicos. En el colegio nos enseñaron que esos 3 colores básicos son el amarillo limón, el cian (que es un azul celeste) y el magenta (que es un rojo tirando algo a rosa). Sin embargo, si hemos leído algo sobre televisiones, veremos que se basan en el estándar RGB cuyos colores básicos son el Rojo (Red), Verde (Greeen) y Azul (Blue). De las siglas en inglés de esos colores surge el acrónimo RGB.

En realidad ambos son sistemas para generar colores, pero tan sólo que uno se usa para generar colores con pigmentos y el otro para generar colores con luces. Si yo uso el estándar RGB (que es el de las luces), el negro es la ausencia de colores y el blanco es la suma de todos ellos. Sin embargo si uso el estándar de pigmentos (amarillo limón, cian y magenta), la suma de todos ellos es el negro y la ausencia de ellos es el blanco. Justo al revés.

Bueno, en realidad si mezclo los 3 colores básicos de pigmentos no obtengo negro, sino un marrón oscuro. Creo que todos recordaremos esto de cuando lo hicimos en el colegio con temperas. Dado que es imposible conseguir un negro perfecto así, en ese caso se añade un pigmento específicamente negro para la ocasión. Así pues los colores básicos con pigmentos son el Cian (Cian), Magenta (Magenta), Amarillo Limón (Yellow) y Negro (blacK). De los nombres de esos colores en inglés surge el estándar CMYK, que es el usado en pinturas. Mientras que para la televisión o cualquier otro dispositivo que forma colores con luces tengo el estándar RGB. Ambos son equivalente, ambos son perfectamente válidos y existen fórmulas matemáticas para convertir un color de un estándar a otro.

En realidad con ambos sistemas nos están engañando usando la propiedad que un color puede ser creado por una combinación astuta de los otros excitando selectivamente cada tipo de cono en una forma justa. Gracias a eso puedo formar todo el espectro de colores que quiera excitando en una proporción exacta a cada tipo de cono de mi retina.

Como habrás podido ver, ninguno de los 2 estándares se corresponde con los colores que excitan al máximo a nuestros conos. En realidad son un convencionalismo pero que tiene toda una rama de estudio detrás de ella. Por ejemplo, la sensibilidad del ojo al color azul es 20 veces menor que a la del rojo o del verde, así que tendré que tener en cuenta esta y muchas más cosas para poder reproducir fielmente un color.

Como ves, es toda una ciencia la que se esconde detrás del color basada en provocar estímulos en nuestros conos que simulen en el cerebro las sensaciones de ese color.

También al leer esto ya también sabrás en qué consiste el Daltonismo: son personas que nacen con tan sólo 2 tipos de conos: detectores de azul y de rojo, o azul y verde o de verde y rojo. Bueno, en realidad no es que le falte ese tipo de cono, sino que no son capaces de producir el pigmento específico de ese tipo de cono. Y como podrás ver hay distintos tipo de daltonismo… todo depende del tipo de cono que les falte.

Test de Daltonismo

Test de daltonismo (algunos daltónicos no pueden ver el número insertado en la imagen). Fuente: Wikipedia

También se da el caso contrario al daltonismo y en vez de faltar conos le sobran. De hecho se ha comprobado que existe un 3% de la población femenina que tiene 4 tipos de conos y por tanto distinguen 4 colores (y no 3 como el resto de la gente). Esto es posible por un “defecto” genético en el cromosoma X que hace que el pigmento que forma el cono L (que detecta el rojo) se vea desplazado ligeramente en la longitud de onda máxima a la que se excita y esta caiga en el amarillo. Si eso se diese en un hombre símplemente vería el color rojo de una tonalidad algo distinta que el resto porque únicamente tiene un cromosoma X. Pero la mujer, al tener 2 cromosomas X, si en uno de ellos ese “defecto” está presente y no lo está en el otro, producirá los 2 tipos de pigmento a la vez y por tanto tendrá 2 tipos de conos L separados levemente entre sí en lo que a distinción de color se refiere.

¿Cómo ven este tipo de mujeres el mundo? Pues básicamente igual que el resto, puesto que la separación del pico máximo de excitación entre el cono L normal y el modificado no es muy grande. Pero sí que es lo suficiente para que donde la gente vería varias muestras de un único color, ellos podrían distinguir distintas tonalidades en cada una de las muestras. De hecho son capaces de distinguir 100 millones de colores cuando la gente normal tan sólo podemos distinguir 10 millones. ¿Quien sabe?, quizás puede que seas tu, amable lectora, la que tiene este “defecto”.

Curiosamente las mujeres no sólo tienen esa posibilidad de ver 4 colores, sino que además sufren en menor medida el daltonismo. Tan solo un 0.5% de la población mundial femenina es daltónica frente a un 7% de la masculina.

Por otro lado, si recuerdas, comenté que en la retina teníamos 2 tipos de detectores: los conos y los bastones. Ya hemos visto en qué consisten los conos: detectan el color gracias a que hay 3 tipos diferenciados. En cuanto a los bastones no hay varios tipos de bastones: sólo existe un único tipo que tiene su máximo de sensibilidad en un tono verde-azulado (en una longitud de onda de 500 nm) y es mucho más sensible que sus primos los conos. De hecho lo son tanto que son capaces incluso de detectar un único fotón, por lo que son usados únicamente en situaciones de baja luminosidad.

Por regla general vemos con los conos. En el día a día vemos un mundo lleno de colores que detectamos únicamente con los conos, pero cuando entramos en penumbra los conos sirven ya de muy poco por la baja sensibilidad que tienen y comenzamos a ver con los bastones. Ese es el motivo por el cual de noche todos los gatos son pardos: en situaciones de baja luz no distinguimos colores porque estamos usando los bastones y únicamente hay un único tipo de bastón.

Pero también existe una diferencia de localización entre conos y bastones. Los conos se reparte únicamente por una pequeña zona llamada fóvea. Los bastones se reparten principalmente fuera de la fóvea. De hecho hay únicamente 6 millones de conos en la retina frente a 130 millones de conos.

Pero echémosles un vistazo a la retina. Como ya te dije, el pupila es un agujero, no tenemos más que iluminarlo y mirar por él para obtener esta imagen:

Retina

La zona marcada a la izquierda es la Fóvea y se ve claramente cuál es su extensión porque esta ligeramente sombreada. Ahí tenemos los conos, es decir, es la única parte con la que detectamos el color. El resto de la retina únicamente es capaz de ver en blanco y negro.

Quizás no le veas mucho sentido, pero recuerda que los conos sirven únicamente en condiciones adecuadas de luminosidad y que en esas condiciones tenemos la pupila contraída. Es decir, ésta sólo deja pasar una pequeña haz de luz que se proyecta únicamente sobre la fóvea. Al estar en penumbra, la pupila se dilata y se abre para dejar pasar la mayor cantidad de luz posible que se reparte por toda la retina. Como ves sería inútil tener conos fuera de la fóvea pues esta zona únicamente se usa cuando la pupila se abre y esto sólo ocurre cuando hay poca luz, con lo que los conos sería inútiles en esas condiciones.

Una vez que ya sabes como funciona la visión, ¿cabe seguir diciendo que el ojo es el sistema óptico más perfecto jamás creado? Bueno, es uno muy bueno, pero la calidad de imagen dista mucho de ser la mejor. Y no hablo de un ojo con algún tipo de defecto como miopía, astigmatismo o hipermetropía, sino de un ojo sano. Es luego el cerebro quien tiene que ir corrigiendo los defectos que de la imagen que le llega.

Si aún sigues sin creer que el cerebro corrige los defectos propios de la visión, te daré la prueba definitiva. Fíjate en la imagen de la retina anterior. Hay un punto que es donde el nervio óptico entra en el ojo y lo hace por la retina. Es la zona más amarilla de todas marcada con un “optic nerve”. Es decir, justo en ese punto no vemos absolutamente nada puesto que no hay ni conos ni bastones. A esa zona se la conoce como “punto ciego” y hay una forma de que puedas notar su presencia.

Mira el dibujo con la cruz y el punto. Tápate el ojo derecho y con el izquierdo fija tu vista en la cruz de la pantalla. Acerca la cara lentamente a la pantalla sin dejar de poner atención en el punto pero con la mirada siempre fija en la cruz. Si haces esto, estarás viendo el punto por “el rabillo del ojo”. Verás que cuando estés más o menos a 15-20 cm de la pantalla (depende de la resolución de tu monitor) el punto simplemente desaparece. Al acercarte o alejarte un poco más volverá a aparecer de nuevo.

Eso es debido a que justo en esos 15-20 cm el punto cae justamente en tu punto ciego y por tanto tu ojo no puede verlo.

En condiciones normales tu ves con 2 ojos. Cada uno de ellos tiene un punto ciego en una zona: el del ojo derecho está a su derecha y el del ojo izquierdo está a su izquierda. De esta forma la zona que no ves con el punto ciego de un ojo la ves con el otro.

Pero cuando te tapas un ojo es imposible evitar el punto ciego. Para evitar ver una zona negra, el cerebro es el que se encarga de rellenar lo que hay ahí con lo que a él le parece. En este caso el ve un punto rodeado de una zona blanca. Cuando el punto deja de verse porque está enfocado en el punto ciego tu cerebro rellena esa parte con lo que le rodea: un espacio en blanco. Si haces este mismo experimento en una hoja cuadriculada, verías que el punto desaparece y queda la cuadrícula del papel, si el punto estuviese rodeado por un estampado verías que el punto desaparece y queda el estampado. Es decir, tu cerebro te engaña para que no notes que hay una gran zona de tu ojo por la que no ves absolutamente nada.

Y si te fijas no he entrado para nada en ilusiones ópticas ni demás trampas para engañar al cerebro.

¿Aún sigues creyendo que la imagen que te da el ojo es superior a la de cualquier cámara fotográfica de hoy en día?

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El ojo (parte II). La naturaleza de la luz. 26 noviembre 2009

Posted by José Ignacio Merino in Óptica, cuerpo humano.
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Este post es el segundo de una serie de ellos. Te recomiendo que leas la primera parte de este post.

Bien, para seguir conociendo cómo funciona nuestro ojo, tenemos que tener claros algunos conceptos de la luz. Como creo que sabrás, la luz está compuesta en realidad por unas partículas subatómicas llamadas “fotones” los cuales no tienen carga, no tienen masa y la cuya antipartícula es el propio fotón. Además se encuentran viajando a la velocidad de la luz (esto es obvio, porque en realidad los fotones son luz) y cada fotón transporta una determinada energía.

¿Qué diferencia hay entre un fotón que lleve una energía más grande que otro? Pues en principio costaría diferenciarlos. Ambos fotones se movería a la misma velocidad (que es la velocidad de la luz), así que no tendríamos un fotón más rápido que otro. Como no tienen masa, no tiene sentido hablar de que un fotón sería más pesado que otro por transportar más energía. Entonces ¿qué los diferencia?

Bien, si eres aficionado a la física (aunque sea a nivel divulgativo), sabrás que la luz se puede comportar como una partícula o como una onda. Es decir, podemos ver a la luz como un grupo de fotones que transportan cada uno una determinada cantidad de energía o bien podemos verla como una onda que transporta energía por el vacío. Creo que habrás visto más de una vez las ondas que se forman en un estanque cuando tiras una piedra, verás que la superficie del agua se pone a oscilar.

Ondas en el agua
Ondas en el agua

Como ves en la imagen, una onda tiene picos y valles. Si miro la onda desde arriba, la distancia entre pico y pico es lo que se denomina “longitud de onda”. Ahora imagina que pongo un corcho a flotar en el agua. Si me fijo en qué pasará con el corcho cuando pase la onda, veré que este sube y baja. Cuando llega un pico, el corcho sube a su nivel máximo, luego comienza a bajar y vuelve de nuevo a subir. El tiempo que tarda en hacer eso (subir, bajar y luego volver a subir) es lo que se llama “frecuencia” de la onda.

Pues bien, los fotones, además de ser partículas, también puedo considerarlos como ondas y también tiene las propiedades de “frecuencia” y “longitud de onda” que observamos en las ondas del estanque. Si no entiendes cómo un fotón puede ser a la vez una partícula y también una onda, no te preocupes: nadie lo entiende, simplemente es así. Verás desde principio del siglo pasado se sabe que, no sólo los fotones, sino todas las partículas pueden también comportarse como una onda. Es lo que se conoce como la “dualidad onda-corpúsculo”. Si yo diseño un experimento para ver a un fotón como una partícula, este se comportará como una partícula. Si yo diseño un experimento para que se comporte como una onda, se comportará como una onda. Pero no puedo diseñar un experimento para que se comporte como ambos a la vez. Es como si el fotón fuese una carta de una bajara. Por delante, la carta tiene un aspecto (el de partícula), por detrás tiene otro completamente distinto (el de onda). En realidad la carta es algo más complejo que una sola de sus caras, pero yo sólo puedo estar viendo una de esas caras al mismo tiempo. Es decir, la realidad es mucho más compleja de lo que podemos llegar a imaginar. Pero esa es otra historia.

Por ahora lo único importante es que un fotón puede tener una determinada energía, una determinada longitud de onda, o una determinada frecuencia. Y curiosamente, estos 3 valores están fuertemente relacionados, de tal forma que a una energía corresponde a una longitud de onda y eso corresponde con una frecuencia.

Como ya he dicho, los fotones son las partículas/ondas que forman la luz. Bueno, en realidad es algo más que la luz pues forman lo que se llama todo el espectro electromagnético. Supongo que habrás escuchado alguna vez que los perros son capaces de escuchar sonidos tan altos en frecuencia que nosotros, los seres humanos, no podríamos hacerlo. Pues bien, con la luz pasa algo parecido. En realidad las ondas por las que se transmite la señal de radio y televisión, la señal que emiten los teléfonos móviles, los microondas que emiten los hornos del mismo nombre, los rayos ultravioleta, los rayos X, … todo eso es “luz”. Bueno estrictamente hablando no se les puede llamar luz. En realidad se les llama “radiación electromagnética” y la luz es simplemente la parte que podemos ver de esa radiación electromagnética que está entre los 380 nanómetros hasta los 750 nanómetros.

Por si no lo sabes, un nanómetro es la mil millonésima parte de un metro. Es decir, divido un metro en mil millones de partes iguales y eso es un nanómetro. Vale, sé que eso de mil millonésima parte te habrá podido impresionar, pero imagina lo siguiente para que te hagas una idea de lo que en realidad significa. Si un metro lo divido en mil partes iguales, cada una de esas partes es un milímetro, ¿verdad? Imagina que ahora soy capaz de dividir ese milímetro en otras mil partes iguales. A cada una de esas partes se llama “micrómetro” (o micra). Pues bien, si dividiese cada micra en otras mil partes iguales, ya tendría el nanómetro. Impresionado ¿a que sí?

Pues bien, la luz visible es en realidad una oscilación de aproximadamente 500 nanómetros de longitud de onda (o lo que es lo mismo, 0,5 micras). Quizás te preguntes, ¿y qué oscila? En el ejemplo que puse de tirar una piedra al agua, las ondas son oscilaciones de la superficie. ¿Qué es lo que oscila en el caso de las radiaciones electromagnéticas? Pues la oscilación es en realidad de un campo eléctrico y magnético… Pero bueno, esa es otra historia que merece ser contada en otro post con más detalle.

Aquí tienes una representación del espectro electromagnético comparando la longitud de onda de la radiación con cosas que nos resultan familiares:

Espectro electromagnético (Fuente: Wikipedia)

En realidad nosotros únicamente vemos una pequeña parte del espectro electromagnético que llamamos “espectro visible”. Quizás te estés preguntando el por qué tan sólo vemos esa pequeña parte. Estaría genial ver que cuando alguien usa un teléfono móvil, la antena la viésemos iluminarse o que cuando ponemos un microondas a funcionar tuviésemos que ponernos unas gafas de sol porque el brillo que sale de dentro es mucho más potente que el de un flash. Pero el que sólo veamos esa pequeña parte del espectro tiene su razón evolutiva. Verás, el Sol es una estrella y está emitiendo en todas las frecuencia posibles. Es decir, emite ondas de radio, microondas, infrarojos, ultravioletas, rayos X y rayos Gamma. La atmósfera nos protege de la radiación microondas (eso lo hace una parte llamada ionosfera), de los rayos ultravioletas (eso es misión de la capa de ozono), de los rayos X y rayos gamma. Es decir, que nuestra atmósfera sólo deja pasar ondas de radio, infrarojos (que es la zona del espectro justo debajo del rojo en frecuencia), luz visible y una pequeña parte de los ultravioletas (que es justo la parte del espectro que está por encima del azul en la frecuencia). Pero además de eso, en la zona del espectro en la que la emisión del sol es máxima es en donde se encuentra el espectro visible.

Aquí tienes una gráfica de cómo de intensa es la radiación emite el Sol. Mientras más alta es la curva más grande es la intensidad de esa radiación. La curva está coloreada de tal forma que cada color representa cuánta intensidad nos llega de la longitud de onda que representa ese color. Fíjate que es máxima justo en el verde.

Espectro Solar

Espectro Solar

Es decir, durante la evolución, cuando se empezaron a formar en los primeros seres vivos complejos los órganos encargados de detectar la radiación electromagnética, estos se especializaron en detectar únicamente la parte en la que el Sol irradia con mayor intensidad. Si el Sol radiase con mayor intensidad en la zona de los microondas (y la atmósfera los dejase pasar), no te quepa la menor duda que nuestros ojos sólo serían capaces de ver la radiación microondas y entonces sí que veríamos las antenas de los móviles brillar.

Un momento ¿he dicho que el sol emite su máximo de radiación en el color verde? ¿Pero no es de color amarillo? Efectivamente. De hecho si al verde le quitamos el azul queda… ¡amarillo! Es decir, la atmósfera es la que hace de filtro y nos hace ver el Sol de color amarillo, pero la  realidad es que el sol es verde. Entonces un astronauta desde el espacio tendría que ver el sol de color verde, ¿verdad? No. Un astronauta desde el espacio ve al sol de color blanco, al igual que tú. Sólo lo ves de color amarillo cuando está cercano al horizonte. Entonces empieza a cambiar de color… primero amarillo, luego naranja y luego rojo. Este cambio de color es por la atmósfera, pero el resto del tiempo lo ves de color blanco. Si un astronauta atenuase todos los colores por igual del Sol, entonces sí que lo vería con un tono verde.

Por cierto, no mires directamente al Sol para comprobar esto. ¿Recuerdas lo que te dije en la primera parte de este post sobre qué pasaba si enfocabas la luz del sol con una lente a un papel? Pues tu cristalino hará de lente y tu retina hará de papel. Así que mejor ni lo intentes.

Y hasta aquí esta parte de este post. Aunque no haya hablado mucho del ojo, es importante aclarar estos concepto para la tercera parte de este post donde ya veremos cómo funciona nuestro ojo.

La telepatía y el poder de la mente 25 noviembre 2009

Posted by José Ignacio Merino in Reflexiones.
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El poder de la mente es grandioso. Lo es tanto que podemos usarlo para comunicarnos con otras personas.

Sólo tengo que pensar en comunicarme con Juan para que mi mente active mis pulmones y mis cuerdas vocales para decir “Juan, ¿podrías venir un momento?”.

Si Juan está a mucha distancia, la mente activará mis dedos y los usará para marcar un número de teléfono. Luego activará los pulmones y las cuerdas vocales para decir “Hola, Juan”.

¿Tan vulgares son las cosas “normales” que podemos hacer con la mente? ¿Es la telepatía más fascinante que esto?

El ojo (Parte I) 23 noviembre 2009

Posted by José Ignacio Merino in Óptica, cuerpo humano.
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Hoy voy a hablar de nuestro ojo. Podrás creer que nuestro ojo es una perfecta cámara que nos da una imagen muy superior a lo que ningún artefacto humano de hoy en día podría dar… Pero nada más lejos de la realidad. En realidad es nuestro cerebro el que nos hace creer eso. Si proyectásemos en una televisión la imagen real que sale directamente del ojo no daríamos crédito a lo que vemos. Lo primero que nos llamaría la atención sería una gran mancha oscura en un lado de la pantalla, luego sólo observaríamos nítido lo que hay en el centro y el resto estaría completamente desenfocado y con los colores alterados.

Entonces ¿por qué vemos bien con el ojo? Básicamente porque tenemos un cerebro detrás que nos engaña. Si quieres enterarte bien de cómo es el proceso de visión, tendrás que seguir leyendo…

Desde fuera, podemos ver que nuestro ojo tiene 3 partes diferenciadas. La esclerótida es la parte blanca del ojo, el iris es la parte coloreada y el agujero negro es la pupila, que es por donde entra la luz en el ojo. Quizás te sorprenda esto, pero realmente la pupila no es un punto de color negro, sino un agujero hacia el interior del ojo que podemos variar de tamaño. El encargado de hacerlo es el músculo del iris, que es un esfínter que no podemos controlar conscientemente y que hace que la pupila sea más grande o más pequeña en función de la luz que necesitamos que entre el el ojo. Mientras menos luz haya, más grande (o dilatada) está la pupila, cuando hay mucha luz la pupila disminuye de tamaño para evitar que entre demasiada en el ojo.

Cuando tomamos drogas o alcohol perdemos el control involuntario de la pupila, ésta se dilata y cuando le toca contraerse lo hace muy despacio y a destiempo. Seguro que has experimentado esto alguna vez cuando vas con una copa de más y de repente pasas de un sitio oscuro a otro bien iluminado. La luz te molesta más de lo normal y es debido a que has perdido el control de tu pupila.

Pupila contraída (fuente: Wikipedia)

Pupila contraída (fuente: Wikipedia)

Pupila dilatada (fuente: Wikipedia)

Pupila dilatada (fuente: Wikipedia)

Quizás en este momento te estés preguntando que si la pupila es un agujero, ¿por qué siempre está negra? Si lo piensas tiene sentido: tu ojo está hecho para absorber toda la luz que le llegue, así que apenas sale nada y este es el motivo del color negro. Bueno, en determinadas ocasiones sí que sale luz. No hay más que darnos un fogonazo con un flash estando en plena oscuridad y con las pupilas bien dilatadas para que salgamos con los ojos rojos en la foto. Eso es debido a que la luz del flash nos entra en el interior del ojo y es tanta la intensidad, que una parte sale hacia fuera. Pero claro, en el interior del ojo hay multitud de vasos sanguíneos que son los que han reflejado la luz, así que sale con ese color.

Para evitar que salgamos en las fotos con la pupila roja, no tenemos más que poner el flash de la cámara en modo “ojos rojos”. Lo que hace la cámara es pegar 2 fogonazos con el flash. Cuando recibamos es primero, nuestros ojos detectarán que están recibiendo mucha luz y el iris recibirá la orden de contraer la pupila. Esto hace que cuando recibamos el segundo fogonazo (que es el de verdad y con el que se hace la foto), la pupila esté bien contraída y entre muy poca luz del flash en el ojo.

Ahora podemos empezar a ver el interior de nuestro ojo.

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Nada más pasar por la pupila, tenemos al cristalino que es la lente que nos permite enfocar objetos en al distancia o en la cercanía. El cristalino es flexible y según este deformado o relajado podremos ver los objetos cercanos o lejanos, siendo los músculos ciliares son los encargados de hacerlo. En un estado relajado, el cristalino se encarga de enfocar los objetos lejanos y cuando los músculos ciliares actúan deformando el cristalino, es capaz de enfocar objetos cercanos. Mientras más esfuerzo hagan los músculos ciliares, más deformado estará el cristalino y más cercanos son los objetos a los que podemos enfocar. En una persona normal, el cristalino es capaz de enfocar a objetos hasta a una distancia de 15 cm. Es decir, ese es el punto más cercano al que podemos leer un texto.

Izquierda: Cristalino relajado enfocando objetos lejanos. Derecha: Cristalino deformado enfocando a un objeto cercano. (fuente: Wikipedia)

Izquierda: Cristalino relajado enfocando objetos lejanos. Derecha: Cristalino deformado enfocando a un objeto cercano. (fuente: Wikipedia)

Con la edad, la flexibilidad del cristalino se pierde y cada vez le cuesta más trabajo deformarse. Eso hace que poco a poco perdamos la capacidad de enfocar objetos cercanos. Primero dejamos de poder enfocar objetos a 15 cm y sólo podemos enfocar a 20 cm. Pero esto no lo notaremos. Es cuando dejamos de poder de enfocar a unos 30 cm cuando comenzamos a darnos cuenta. Notamos que para leer un libro tenemos que alargar los brazos para poder leer las letras. Conforme pasan los años tenemos que ir alargando los brazos más y más para leer… y cuando los brazos ya no dan más de sí, entonces es cuando decidimos ir a la óptica a comprarnos unas gafas. Esto se le conoce como “vista cansada”.

Básicamente, el cristalino es el encargado de que los rayos de luz que entran por la pupila se concentren en el fondo del ojo. Es decir, actúa como una lupa. Por eso es tan peligroso mirar un rato directamente al sol. Si cogemos una lupa y concentramos los rayos del sol en un papel, al cabo del tiempo el papel acaba quemándose. Igual, si miramos el Sol, el cristalino hará de lupa y los rayos del sol harán exactamente igual con el fondo del ojo que con el papel: lo quemará y perderemos vista. ¿A que sabiendo esto ya no te atreves a mirar al Sol tan alegremente?

Es en el fondo del ojo es donde se forma la imagen, exactamente igual que un proyector forma la imagen sobre una pantalla. La luz entra por la pupila, el cristalino la enfoca y se proyecta en la retina, que está forrada de detectores de luz que la transforman en impulsos nerviosos que van al cerebro.

En la retina hay 2 tipos de detectores: los conos y los bastoncillos. Como creo que habrás captado, el nombre de ellos es simplemente por la forma que tienen. Los conos son los encargados de la recepción del color y hay 3 tipos: los encargados de recibir el rojo, el verde y el azul. Los bastoncillos solo detectan el rojo y son mucho más sensibles que los conos, por eso sólo los usamos en situaciones de oscuridad.

Pero esto del color merece un punto y aparte. Fíjate que todas las teorías del color nos dicen que hay 3 colores primarios a partir de los cuales podemos formar el resto de colores. Esos colores primarios son el Rojo, Verde y Azul y que curiosamente coinciden con los colores que detectan los 3 tipos de bastoncillos que hay en nuestra retina.

En la siguiente imagen tenemos lo que ocurre cuando mezclamos esos colores primarios:

Lo que se obtiene al mezclar Rojo, Verde y Azul

Lo que se obtiene al mezclar Rojo, Verde y Azul

Quizás esta figura te resulte algo extraña porque si coges pinturas y mezclas verde, roja y azul no te sale blanco, como indica el dibujo, sino un marrón muy oscuro. Eso es porque el dibujo esquematiza la mezcla de colores con luces y no por pigmentos. De hecho cuando usas pinturas, los colores primarios no son Rojo, Verde y Azul, sino el Amarillo, Magenta y Cían. La diferencia es que con luces los colores se forman emitiendo luz, y por pigmentos, los colores se forman absorbiendo luz.

Ahora bien ¿qué es en realidad el color? Si lo piensas la luz tiene una propiedad que se llama color y que simplemente es una sensación que recibimos en el cerebro. ¿Realmente la luz tiene esa propiedad llamada “color”? Pues sí y no. Realmente el “color” que nosotros percibimos es una mezcla de una propiedad de la luz y de nuestras percepciones. Por ejemplo, cuando vemos un objeto rojo, la luz que emite el objeto sí que tiene una propiedad física que nos dice que es roja. Pero si el objeto es Rosa, la cosa cambia drásticamente. Físicamente no existe el color Rosa, es decir, no existe ninguna propiedad física que diga que la luz sea rosa. De hecho, el rosa no es un color del arco iris ¿verdad? Quizás esto no lo hayas entendido muy bien, pero para explicártelo tendré que hablarte de las propiedades de la luz, de fotones, de energía y de longitud de onda. No te preocupes, será sólo un ratito, pero será en una próxima entrega.

Hasta entonces.

La ciencia del adelgazamiento (parte III) 18 septiembre 2009

Posted by José Ignacio Merino in cuerpo humano, Termodinámica.
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Y por fin la tercera y última parte de este post. Te recomiendo que te leas la primera y la segunda parte y que luego sigas con esta.

Creo que ya hemos visto todos los métodos de adelgazar que existen. Bueno, todos salvo uno:

Dieta y deporte

Esta dieta es la que realmente funciona y tiene incluso aspectos positivos el aplicarla. Se trata simplemente de reducir el consumo de calorías pero manteniendo una dieta equilibrada y haciendo deporte. Fíjate lo importante de esto último: haciendo deporte. Si además de reducir nuestro aporte calórico hacemos ejercicio será mucho más eficaz la pérdida de calorías.

Curiosamente todo el mundo ha seguido este tipo de dieta, pero a muy pocos les suele funcionar. Símplemente la aplicamos mal. Cuando decimos “vamos a hacer ejercicio” nos matamos en el gimnasio o haciendo alguna actividad física intensa y a los 15 minutos estamos empapados en sudor y jadeando como perros. Recuerda que en la primera parte de este post te dije que 1 hora de actividad intensa consume más o menos 500  kilocalorías, así que 15 minutos consumirán unas 125 kcalorías, es decir: 2 yogures.

Así que piensa por un momento. Te has matado haciendo ejercicio, el corazón se te iba a salir por la boca de lo mucho que te forzaste, sudaste como nunca… y todo para tomarte 2 yogurs y recuperar todo lo perdido… Pero no desesperes. Verás, como te he dicho las grasas son el recurso energético final y tenemos que movilizarlas. Pero antes veamos cómo nuestro cuerpo consume la energía.

Las células de tu cuerpo tienen unas reservas energéticas llamadas ATP (Adenosín TriFosfato) la cuales son como unas pilas recargables. Cuando se necesita energía, la célula rompe esa molécula y de ahí es de donde saca la energía necesaria para funcionar. Esas reservas de ATP se agotan aproximadamente a los 20 segundos de un ejercicio intenso y a partir de ahí necesitan de glucosa para volver a cargarse, es decir, para volver a reconstruir de nuevo el ATP y así romperlo para obtener energía de nuevo.

Cuando comienzas a correr, al principio vas estupendamente y dices “si parece que no ha pasado el tiempo. Estoy hecho un chaval”. Pero pasados esos 20 segundos tus células agotan todo el ATP disponible y te pega el primer bajón. Ahí es cuando rectificas e intentas recordar en qué momento dejaste de ser un chaval. Una vez tus células han agotado sus reservas en forma de ATP, tiran de la glucosa que tienen reservada. Bueno, exactamente no es glucosa, ya te dije en la segunda parte de este post que la glucosa era empaquetada en forma de glucógeno (que no es más que una molécula formada por 120.000 glucosas). De hecho, el 10% de nuestro hígado y el 1% de nuestros músculos son glucógeno. Estos son los depósitos de glucosa de nuestro organismo.

Una persona de 60 kilos tiene aproximadamente 1.000 kilocalorías de reserva en los músculos y 500 kilocalorías como reservas en el hígado en forma de glucógeno. Es decir, nuestro cuerpo tiene disponibles 1.500 kilocalorias (aparte de las grasas, claro). Recuerda que te dije en la primera parte de este post que un ejercicio intenso consume aproximadamente 500 kilocalorías por hora. Por tanto quemar esas reservas nos supondrá realizar 3 horas de ejercicio intenso.

Hasta que no haya sido quemado ese glucógeno tu cuerpo no comenzará a quemar grasas. Pero tranquilo, no necesitamos estar 3 horas haciendo ejercicio, en realidad tenemos que estar menos tiempo. Eso es porque las 1.000 kilocalorías que almacenan nuestros músculos están repartidas por todos ellos. El corazón es un músculo, el diafragma también lo es, las fibras musculares que recubren el intestino también, … Como ves no todo son bíceps, cuádriceps o deltoides. Cuando hacemos ejercicio no estamos usando todos nuestros músculos, sino sólo unos cuantos. Realmente a los 15 minutos de ejercicio intenso tenemos consumido entre un 60-70% del glucógeno en esos músculos. El glucógeno almacenado en los restantes que no estamos usando sigue permaneciendo de reserva para ellos.

Es decir, durante los 15 primeros minutos de ejercicio, los músculos que trabajan van tirando de sus reservas propias pero a partir de ahí esas reservas disminuyen alarmantemente y por tanto necesitan comenzar a coger glucosa de la sangre. Recuerda que el glucógeno de reserva está únicamente almacenado en los músculos e hígado. El cerebro no tiene reservas de glucógeno y depende exclusivamente de la glucosa que hay en la sangre para funcionar. Si ese nivel de glucosa desciende, eso lo nota el cerebro y comenzamos a sentirnos fatigados pero no es un cansancio físico, es psicológico. Nuestros músculos han bajado el ritmo pero siguen funcionando bien porque tienen reservas de glucógeno para funcionar. Es nuestro cerebro el que más está acusando la falta de glucosa. Este es el segundo bajón que sentimos y es el más difícil de superar para los que llevamos una vida sedentaria y nos enfrentamos por primera vez con el ejercicio. Pensamos que con esos 15 minutos ya ha sido suficiente como para luego celebrarlo con una gran cena. Como has podido leer antes, nada más lejos de la realidad.

Es importante que sigas haciendo ejercicio cuando sientas ese bajón. Disminuye un poco el ritmo hasta que vuelvas a sentirte cómodo y verás como cuando haya pasado 1-2 minutos estarás igual que antes. Eso es debido a que comenzarás a segregar una hormona llamada glucagón encargada de decirle al hígado que suelte sus reservas de glucógeno. Los niveles de glucosa en sangre se recuperarán y podrás seguir con tu ejercicio hasta que se te acaben las reservas de glucógeno hepático (es decir, del glucógeno que está en el hígado). Esas reservas, como te dije, dan para más o menos 1 hora de ejercicio. En ese momento tendremos agotadas ya todas las reservas de glucosa.

Fíjate que necesitaremos 1 hora y 15 minutos para agotar las reservas energéticas de glucógeno de nuestro cuerpo. En ese preciso momento será cuando nuestro cuerpo comenzará a quemar grasas.

Bueno, en realidad te he dicho que las reservas del hígado dan para 1 hora de ejercicio y eso no es cierto del todo porque depende de la hora del día en la que hagas ejercicio. Recuerda que en 8 horas de sueño consumimos 500 kcalorías que son justo las reservas de glucógeno hepático (de hecho es ese órgano el encargado de proporcionar energía a nuestro cuerpo mientras dormimos). Al despertar esas reservas estarán completamente agotadas. Si nada más levantarnos comenzamos a hacer ejercicio, no se dispondrá de esas reservas y sentiremos como a los 15 minutos, cuando los músculos tengan casi agotadas sus reservas y comiencen a tomar glucosa de la sangre, tendremos un bajón del que nos costará muchísimo más trabajo salir. Para evitarlo no tenemos más que desayunar antes de hacer ejercicio. Eso hará que se recuperen los niveles de glucógeno en el hígado y de esa forma nos cueste menos trabajo llegar hasta la hora de ejercicio.

Creo que ya habrás intuido que aún tendremos que sufrir un tercer bajón: cuando haya agotado el glucógeno del hígado. Ya no hay más glucógeno disponible, así que no habrá más remedio que quemar grasas las reservas de grasas. Pero hay un problema y es que estas no tienen un rendimiento tan grande como la glucosa. Aunque por cada gramo de grasa obtenemos 9 kilocalorías frente a la glucosa que obtenemos 4 kilocalorías por gramo, es muy distinta la forma de quemar ambos compuestos. La glucosa es capaz de dar energía muy rápidamente y la grasa es mucho más lenta su síntesis. Eso hace que nuestro rendimiento disminuya a la mitad porque símplemente nuestro cuerpo está obteniendo energía más lentamente.

Es decir, notaremos sentimos la necesidad de bajar el ritmo, pero nuestro cuerpo tiene una forma de evitar esto: la adrenalina. Recuerda que como te dije en nuestro cuerpo tenemos almacenadas 1.000 kcalorías en toda nuestra musculatura. Al hacer ejercicio estaremos agotando las reservas de glucógeno de la musculatura que estemos usando, pero la que no usemos tendrá sus reservas de glucógeno al 100%. La adrenalina es una hormona producida por las glándulas suprarenales que, como su nombre indica, están justo encima (supra) del riñón (renal). Esa hormona la segrega nuestro cuerpo cuando estamos en peligro: aumenta la tensión y el ritmo cardiaco, dilata las pupilas para tener una mejor visión, aumenta la respiración… y ordena tanto al hígado como a los músculos el que suelten sus reservas de glucógeno al torrente sanguíneo.

El glucagón era la hormona que ordenaba al hígado soltar sus reservas de glucógeno a la sangre, pero la adrenalina además hace que todos los músculos liberen sus reservas disponibles. Viene a ser un recurso de emergencia: estamos ordenando liberar todas las reservas del glucógeno a la sangre.

Así que ese tercer bajón lo superaremos con rabia. Simplemente tu cuerpo está segregando adrenalina para mantener el nivel de glucosa en sangre y así evitar que te desmayes (que es lo que ocurre cuando ya no hay suficiente glucosa en la sangre para hacer funcionar tu cerebro). De hecho también la adrenalina estimula el cerebro y hace que este produzca dopamina, que es el responsable de la sensación de bienestar. Eso hace que cuando terminamos de hacer un ejercicio prolongado nos sintamos bien. Esa es señal que hemos segregado adrenalina y que por tanto hemos agotado nuestras reservas de glucógeno hepático y hemos quemado grasas, por tanto esa sensación de bienestar sea por partida doble.

Al hacer ejercicio de forma regular, la adrenalida generada hará que tengamos una dosis de dopamina de forma también regular en nuestro cerebro y eso hará que sintamos adicción por el deporte. Sí, como lo oyes. Tal vez oír eso desde la comodidad de tu sillón te resulte algo increíble, pero no tienes más que preguntar a alguien que practique deporte con regularidad y te dirá que los días que no lo hace siente que “le falta algo”. Es símplemente que necesita su dosis diaria de adrenalina.

Es muy importante no hacer ejercicio muy intenso. Recuerda de la primera parte de este post que la glucosa se combina con el Oxígeno para dar energía. Así cuando haces ejercicio, aumentas el ritmo cardíaco y respiratorio para hacer llegar Oxígeno a los músculos. Si el ejercicio es muy intenso (es decir, si levantamos pesas o si esprintamos), el Oxígeno proporcionado no será suficiente para satisfacer la demanda de los músculos y estos comenzarán a quemar la glucosa por otro proceso con el que no es necesaria la presencia de Oxígeno. Al hacerlo así dará como sustancia de desecho ácido láctico. Es decir, mientras menos oxígeno reciban los músculos, más ácido láctico generarán. En condiciones normales, el ácido láctico es eliminado y reciclado como combustible muscular. Pero si la producción es muy alta el músculo se vuelve ácido y aparece la fatiga. Curiosamente,conforme hacemos ejercicio aumenta la resistencia del músculo al ácido láctico. Un deportista tiene una capacidad de eliminación del ácido láctico enorme lo que le lleva a poder realizar ejercicios muy explosivos durante mucho más tiempo que alguien no entrenado.

Creo que con esto ya tienes las claves para que el ejercicio te ayude a adelgazar. Recapitulemos:

En primer lugar sentirás un primer bajón a los 20 segundos. Es muy fácil de superar y será a partir de ahí cuando tu ritmo cardiaco y respiratorio aumenta: tus células se han quedado sin ATP y necesitan descomponer el glucógeno y combinar la glucosa con Oxígeno.

A los 15 minutos sentirás el segundo bajón. Los músculos que estás moviendo han agotado más de la mitad de sus reservas de glucógeno y están buscando glucosa en la sangre. Así que comienzas a segregar la hormona glucagón para que tu hígado comience a liberar su glucógeno.

Cuando tus reservas hepáticas hayan sido agotadas, sentirás el tercer bajón. El tiempo en el que lo sentirás dependerá exclusivamente de cómo tengas las reservas en el hígado al empezar a hacer deporte. Si ha pasado mucho tiempo desde que comiste tardarás mucho menos en sentirlo que si haces deporte nada más acabar de comer.

Cuando sientas ese bajón será cuando comiences a quemar grasa. Como tu cuerpo no es tan eficiente quemando grasa como quemando glucosa, sentirás la necesidad de disminuir el ritmo. Si no lo haces comenzarás a segregar adrenalina para que todos tus músculos liberen sus reservas del glucógeno.

Como podrás ver nuestro objetivo  es hacer 1 hora de actividad física. No hay excusas, hay que intentar por todos los medios llegar a esa hora, si no, no nos habrá servido para nada tanto esfuerzo. Si vale, ya sé que una hora es mucho tiempo haciendo ejercicio, pero fíjate que te digo “hacer ejercicio” y no “matarte corriendo”. Hacer ejercicio es también andar ligero y creo que todos somos más que capaces de estar 1 hora andando a un paso ligero.

Pues haz eso: sal a andar y estate 1 hora o 1 hora y media caminando. Con ese ejercicio ya estaremos quemando grasas. Fácil, ¿verdad? Además evitaremos las agujetas y el cansancio de hacer una actividad muy intensa para la cual estamos completamente desentrenados. Empieza así, toma como rutina diaria esa caminata y cuando lleves 2 semanas apúntate al gimnasio o plantéate hacer una actividad un poco más intensa pues ya tendrás a tu cuerpo preparado para ello.

Toma el ejercicio como una rutina. Las reservas de glucógeno tardan unos 2 días en recuperarse completamente. Si haces ejercicio cada 2 días lo harás en plena forma y sentirás menos fatiga, pero también quemarás menos grasa. Si haces ejercicio a diario necesitarás estar menos tiempo para conseguir agotar las reservas de glucógeno y comenzar a quemar grasas.

Después del ejercicio no abuses de los hidratos de carbono pues tus músculos e hígado están buscando reponer reservas de glucógeno. Así que come hidratos de carbono con moderación, sin pasarte. Es más, al tomar algo de glucosa sentirás como la fatiga desaparece puesto que recuperas el nivel en sangre. Lo que no puedes hacer es tomarte medio kilo de pan o una tarta. Toma algo de pan, algo de dulces, algo de patatas fritas… Sigue una dieta variada, come de todo, pero con moderación. Nunca dejes de tomar hidratos de carbono. En la segunda parte de este post vimos que dejar de tomar hidratos de carbono era la base de la dieta hiperproteica y eso dará lugar a que pierdas el apetito y sientas la fatiga (con lo que no tendrás ganas al día siguiente de hacer ejercicio).

No te tomes esto de adelgazar con vistas a una semana ó dos. Tómatelo a 2 meses vista. Es decir, intenta hacer ejercicio a diario o cada 2 días durante los siguientes 2 meses. Recuerda que al estar 1 hora y media andando vas a quemar grasas, pero no te pienses que la grasa quemada a a ser medio kilo, sólo serán unos gramillos. Tienes que conseguir ir quemando gramo a gramo durante todos los días.

Imagina que moderándote en la dieta consigues quitarte de 500 kilocalorías diarias. Y que haces también una hora de ejercicio diario, con lo cual añades otras 500 kilocalorías. Con eso conseguirías tener un déficit de 1.000 kilocalorías diarias que tu cuerpo tendrá que sacar quemando grasa. Como te dije, un gramo de grasa te da 9 kilocalorías, con lo cual en ese día habrás conseguido quemar 110 gramos de grasa. Es decir, tendrás que estar 18 días así para conseguir perder 2 kilos. ¿Descorazonador? Visto desde ese punto de vista podría serlo, pero piensa que las grasas cuestan mucho trabajo perderlas… y también ganarlas. A diferencia de otras dietas donde la pérdida de peso es simplemente debido a que pierdes agua, en este caso estás perdiendo realmente grasas. Si dejases la dieta tendrías que estar comiendo a diario 1.000 calorías de más durante 18 días para conseguir otra vez acumular esos 2 kilos de grasas. En caso de las otras dietas con un par de días que comas de más habrás recuperado todo el agua que perdiste. Así que juzga tú si merece la pena el perder kilos de esta forma.

Dado que va a ser una lucha a 2 meses vista, no dejes de comer. Si lo haces fracasarás puesto que tu cuerpo necesita comer. Simplemente modérate comiendo y no cometas excesos.

Lo realmente importante de esta dieta es ir acostumbrando tu cuerpo al ejercicio. Si llevas una vida sedentaria los primeros días costará muchísimo trabajo. Mentalízate que la fatiga de esos primeros días es simplemente psicológica porque tu nivel de glucosa en sangre baja y hace que te sientas cansado. Pero fíjate que aún cansado tus músculos siguen funcionando aunque a menor ritmo. No te agobies, sólo busca tu ritmo. No te fuerces. Si tu ritmo es lento, pues ve los primeros días lento. Recuerda que lo importante es hacer ejercicio de forma sostenida durante al menos 1 hora.

Si llevas una vida sedentaria, los primeros días tendrás agujeras. Estas son simplemente microroturas de tus músculos. Ten en cuenta que llevas mucho tiempo sin usarlos y que los estás sometiendo a un esfuerzo al que no están acostumbrados. Haz los primeros días un ejercicio moderado como por ejemplo andar ligero y así no tendrás agujetas. Pero si te salen, se paciente: recupérate y cuando lo hagas no abandones tus propósitos de hacer ejercicio todos los días.

Poco a poco, con los días, irás notando como cada vez te cuesta menos hacer ejercicio. Verás cómo el ritmo al que te sientes cómodo cada vez es mayor. Piensa que tus músculos se harán más grandes con el ejercicio y comenzarán a ser capaces de almacenar más glucógeno. Por eso la demanda que harán del torrente sanguíneo será cada vez más sostenida y tu cerebro lo acusará menos.

Cuando lleves 2-3 semanas con la rutina del ejercicio diario verás que pasa una cosa muy curiosa: no sentirás apenas fatiga. Eso es porque además de glucagón, tu cuerpo estará segregando adrenalina. Esa hormona moviliza además del glucógeno del hígado el glucógeno de los músculos. Es decir, ordena a los músculos que suelten glucosa en sangre para atender a las demandas del cerebro. Eso hace que no sientas en absoluto el cansancio.

No intentes segregar adrenalina desde el primer día. Si lo haces los primeros días no sentirás la fatiga pero tus músculos son muy débiles y les estás forzando a romper su vida sedentaria. Al día siguiente no podrás ni moverte.

Piensa que la pérdida de peso que tendrás los primeros días será espectacular, pero recuerda que por cada gramo de glucógeno que pierdas, perderás también 2,7 gramos de agua. Así que en esos primeros días el 70% del peso perdido será agua, pero luego la cosa no bajará tan espectacularmente. Mentalízate. Primero perderás aproximadamente 2 kilos de forma muy rápida y luego la cosa se para.

Encima tienes que el músculo va reforzándose debido al ejercicio diario. Piensa que cuando lleves una semana haciendo ejercicio ganarás peso en vez de perderlo. Eso es porque el músculo pesa más que la grasa. Es decir, con el ejercicio irás perdiendo grasa, pero irás ganando músculo que pesa más. No te fijes mucho en la báscula, fíjate que cada vez te entra mejor la ropa, que tienes menos grasa, que tus piernas comienzan a estilizarse… Son esos signos en los que te tienes que fijar y no únicamente en la báscula.

Y bueno, con eso hemos acabado. Espero que te haya resultado cuando menos interesante, y si encima te ha sido útil mucho mejor.